martes, 21 de abril de 2009

para la señorita lectora de Maitena

Como usted sabrá, soy quizá un desentendido en la materia (sobre la historieta Maitena), por eso me he tenido que ver en la situación de consultarlo con algunas amistades femeninas, de las cuales he encontrado discersiones disparejas aunque tal vez cosas en común. Lo más interesante es lo irónico al parecer sobre esta historieta y ya veo hacia a dónde apunta UD. y cómo podrá acabar dentro de algunos no alejados años.
Ahora bien, exactamente no sé a dónde se perfila esta entrada, o qué es lo que voy a decir al final o en el fondo. Es que no tenga qué decir, sólo que las cosas aún están como en una especie de trámite o pasando bajo el escrutinio de muchas personas que al parecer ni siquiera están en este juego.
Déjeme decirle que escribo, que aún mis palabras se columbran sobre el lapicero y la tinta. Que la nostalgia es una invitada bien recibida y a la vez odiada. Las noches son mas largas que los días, las palabras puede que se vayan alargando y diciendo cositas cada vez más pequeñas y poco entendibles, eso puede ser un argumento a mi escrito o una simple excusa de la cuál no sé salir.
No pretendo ser una persona de soluciones a todo (el "todo" se lo dejo a cualquier otra persona que quiera tomar el mando y navegar sobre la radical nada hacia el algo). No pretendo cargarle con excusas, ilusiones, dramatismo de milímetros a milímetros. Pretender no es lo mío señorita, yo no busco la persona que me cambie que me quiera distinto, sin o con zapatos. No requiero vestirme de animal emplumado, ni cargar baúles apabullados de formas y conductas tan ricas y sonoras de esta susodicha vida.
Lo que yo quiero decirle finalmente señorita, es que no me cambie y que nadie la cambie porque en eso está el gusto de ser uno.




P.D.: este texto aún está en crecimiento.

martes, 7 de abril de 2009

miércoles, 18 de marzo de 2009

Sin titulo

Atame fuerte a un madero o si deseas amárrame a una de tus piernas sucias con un lazo fuerte
Amárrame como a una pertenencia tuya, como a un objeto raro y deleznable, como a algo que no tiene mas dueño que tú
No te atrevas ni a aflojar ni a soltar mi amarra, no me mires con tristeza, ni mucho menos con calma
Atame los brazos y las piernas
Atame a tu cama, a tus huesos
Sujétame fuerte, como si nunca tengas que perderme.

sábado, 7 de marzo de 2009

un año ya

Mientras tomas la pausa de la palabra y veo desconfiadamente el silencio que creas con tus ojos, con tu pequeña maldad, con tu miedo eterno. Comprendo inefablemente la pronta llegada de tu ausencia.
Te veo caminar, te veo andar como un pájaro sobre la nieve. Intentas vanamente buscar esa palabra. Te sientas sobre una piedra y empiezas a mentir.

viernes, 27 de febrero de 2009

Vicente Huidobro

Soy una orquesta trágica
Un concepto trágico
Soy trágico como los versos que punzan en las sienes y no pueden salir
Arquitectura fúnebre
Matemática fatal y sin esperanza alguna
Capas superpuestas de dolor misterioso
Capas superpuestas de ansias mortales
Subsuelos de intuiciones fabulosas

domingo, 15 de febrero de 2009

Tímida y avergonzada - María Emilia Cornejo

tímida y avergonzada
dejé que me quitaras lentamente mis vestidos,
desnuda
Sin saber qué hacer y muerta de frío
me acomodé entre tus piernas
¿es la primera vez?
preguntaste,
sólo pude llorar.
oí que me decías que todo iba a salir bien
que no me preocupara,
yo recordaba las largas discusiones de mis padres,
el desesperado llanto de mi madre
y su voz diciéndome
"nunca confíes en los hombres".
Comprendiste mi dolor
Y con infinita ternura
Cubriste mi cuerpo con tu cuerpo,
tienes que abrir las piernas, murmuraste,
y yo me sentí torpe y desolada.

martes, 3 de febrero de 2009

Fe de vida - Alejandro Romualdo

Puedo morir de rabia y de dulzura.
Morir de hueso en hueso hasta el tobillo.
Arrancarme la piel con un cuchillo.
Quemar vivos mis sueños, mi ternura.

Puedo morir de risa, de amargura,
atorado, revuelto y amarillo.
Romper de amor mi hueso, mi estribillo.
Partir en dos mi vértebra más dura.

Puede lograr mi muerte lo que quiero:
hacer que en la extensión que me consigne
pazca y trisque el dulcísimo cordero.

Puedo morir como un violento cisne
de guerra. Proclamando, y prisionero,
una canción vital, un cuello insigne.