no es fácil decirte si hoy no voy a estar. como tampoco es fácil mirar el árbol y saber que estoy. porque yo ya no quiero estar.
frágil es el cuerpo que no duerme y molesta a la mano o al pie pidiendo agua.
ya no llores, le dice la oreja. si caminamos un poco más, tengo miedo que ellos se cansen. que esperen a la noche en la que los corazones recuerdan y una liebre desesperada trata de olvidar.
ellos miran el viaje. no es posible que hoy esté aquí y tú no estés.
lunes, 18 de febrero de 2013
viernes, 4 de enero de 2013
Sin titulo
trae un pez en la mano derecha.
- qué feo pez traes - le digo.
- lo saqué de un sueño - me dice.
y abre la otra mano y muestra una pluma.
- por qué traes sólo un pedazo de pájaro - le digo.
- porque sólo eso fue lo que me dejó - dice.
viernes, 14 de diciembre de 2012
Confesiones de una máscara - Yukio Mishima
- En lo que a nosotros respecta -exclamé- quién sabe cuánto tiempo viviremos. Supongamos que hay un bombardeo ahora mismo. Probablemente una de las bombas caería directamente sobre nosotros.
-¿No sería maravilloso? -ella lo decía enserio. Había estado jugando con los pliegues de su falda escocesa, pero al decir esto alzó la cara y la luz atrapó una chispa de desfallecimiento en mis mejillas-. Oh, si un avión viniera silenciosamente e hiciera blanco en nosotros mientras estamos aquí, así... ¿No le parece? -No se dio cuenta que estaba haciendo una confesión de amor.
-¿No sería maravilloso? -ella lo decía enserio. Había estado jugando con los pliegues de su falda escocesa, pero al decir esto alzó la cara y la luz atrapó una chispa de desfallecimiento en mis mejillas-. Oh, si un avión viniera silenciosamente e hiciera blanco en nosotros mientras estamos aquí, así... ¿No le parece? -No se dio cuenta que estaba haciendo una confesión de amor.
viernes, 12 de octubre de 2012
Aprendizaje o el libro de los placeres - Clarice Lispector
Alivia mi alma, haz que sienta que tu mano está cogida de la mía, haz que sienta que la muerte no existe porque ya estamos en verdad en la eternidad, haz que sienta que amar no es morir, que la entrega de sí mismo no significa la muerte, haz que sienta una alegría modesta y diaria, haz que no te indague demasiado, porque la respuesta sería tan misteriosa como la pregunta, bendíceme para que viva con alegría el pan que como, el sueño que duermo, haz que tenga caridad hacia mí misma pues si no, no podré sentir que Dios me amó, haz que pierda el pudor de desear que en la hora de mi muerte haya una mano humana para apretar la mía.
miércoles, 30 de mayo de 2012
sintitulo
Asiento con la cabeza. Ella sólo puede intuir lo que sucede. nunca entendió la diferencia en los días, mucho menos entre el culantro y el perejil. no se recupera el sol cuando aún sientes calor en el cuerpo. el calor incomprensible que se asoma por tu hombro y olvida. yo deseo guardar tus ojos en mis manos. hacer explotar el corazón con un cañón de amor. perder la paciencia en una avenida. pretender tu boca llena de estrellas, que me destruyen y ocultan la vista. por tanto, que se rompa la crisma, que llore. él.
martes, 22 de mayo de 2012
A la orilla del Drawa, alguna vez - César Calvo
Era entonces la vida como una
jarcia al viento, en los altos establos o en la noche
el día de tus aguas
rodeaba mi corazón, y sobre ágiles campos de cebada, tú,
cómplice de mi infancia, Drawa de labios húmedos,
inventabas los juegos y los cantos.
Todo nacía de tu mano azul, todo volaba,
oh río de ojos claros, como un claro milagro.
Detenerte no pude en esos años, cuando
el amable invierno te extendía como una blanca súplica,
limosnero de mis pies y las estrellas,
infatigable y luminoso y cálido, duende
bueno girando en mi alegría bajo los altos pinos
enjoyados como esqueletos de astros; o en el granero, tú y yo
recostados, prohibidos en el heno, hasta que las agujas de los gallos
asediaban mis ojos y el sol se incorporaba
como un convaleciente entre los brazos, brazos de
invierno amable, pecho cálido, prestidigitador
omnipotente: entre tus verdes brazos que
no pudieron tampoco retener esos años, retenerme.
Negra y sedienta hoguera de la memoria en torno
a la cual danzan niños de ojos quemados,
crece hoy en tu lugar sobre las ruinas del
invierno. ¡Cómplice de mis cantos, Drawa de labios húmedos,
oh río de ojos claros como un claro milagro,
ninguna huella dejan mis pies al recordarte:
al igual que tus aguas, el blanco tiempo del amor,
la infancia, se evaporó en los ojos de aquel negro verano!
jarcia al viento, en los altos establos o en la noche
el día de tus aguas
rodeaba mi corazón, y sobre ágiles campos de cebada, tú,
cómplice de mi infancia, Drawa de labios húmedos,
inventabas los juegos y los cantos.
Todo nacía de tu mano azul, todo volaba,
oh río de ojos claros, como un claro milagro.
Detenerte no pude en esos años, cuando
el amable invierno te extendía como una blanca súplica,
limosnero de mis pies y las estrellas,
infatigable y luminoso y cálido, duende
bueno girando en mi alegría bajo los altos pinos
enjoyados como esqueletos de astros; o en el granero, tú y yo
recostados, prohibidos en el heno, hasta que las agujas de los gallos
asediaban mis ojos y el sol se incorporaba
como un convaleciente entre los brazos, brazos de
invierno amable, pecho cálido, prestidigitador
omnipotente: entre tus verdes brazos que
no pudieron tampoco retener esos años, retenerme.
Negra y sedienta hoguera de la memoria en torno
a la cual danzan niños de ojos quemados,
crece hoy en tu lugar sobre las ruinas del
invierno. ¡Cómplice de mis cantos, Drawa de labios húmedos,
oh río de ojos claros como un claro milagro,
ninguna huella dejan mis pies al recordarte:
al igual que tus aguas, el blanco tiempo del amor,
la infancia, se evaporó en los ojos de aquel negro verano!
miércoles, 7 de marzo de 2012
es cierto que el tiempo afianza los sentimientos, como también es cierto que el mismo tiempo los borra, que tal vez sería mejor decir que lo "sana". Yo aprendí a vivir con un pez rojo en la espalda y en el corazón. a zozobrar mientras intentaba callar todo o maldecir a los gatos por cruzarse en nuestro camino. no era ridículo, jamás, colocarte el brasier y ponerte el vestido con tu vincha hermosa que alguna vez te robaste. no impedía el sol amarte. no era la mala comida, ni la bebida. era acaso la piedra que hizo tropezar a héctor, la misma que nos hizo tropezar? como incendio que se fecunda entre nuestras piernas. vuélcate y camina junto al tren. roba un pedazo de pan. es posible estar aquí o allá. pero jamás, jamás. estar en dos sitios a la vez.
lunes, 13 de febrero de 2012
- no es tu culpa, le dice el zorro al poeta.
el poeta mientras tanto como suelen hacer los otros tantos poetas se cubre con las hojas secas de un árbol de palto y comienza a encargar uno de esos poemas que en verdad no sé muy bien ni cómo empieza ni cómo termina.
- te vuelvo a decir que no es tu culpa poeta, mientras se aliza las garras y carga algunas manzanas al bolso.
el poeta saca la cabeza del hoyo. aún siente la inutilidad de la vida, las maromas estropeadas, los alces frustrados, los rompimientos unidos, hasta el sin sabor de una despedida. mira al zorro. sabe que quizá el zorro tenga razón. el zorro fue alguna vez, un gran poeta.
el poeta mientras tanto como suelen hacer los otros tantos poetas se cubre con las hojas secas de un árbol de palto y comienza a encargar uno de esos poemas que en verdad no sé muy bien ni cómo empieza ni cómo termina.
- te vuelvo a decir que no es tu culpa poeta, mientras se aliza las garras y carga algunas manzanas al bolso.
el poeta saca la cabeza del hoyo. aún siente la inutilidad de la vida, las maromas estropeadas, los alces frustrados, los rompimientos unidos, hasta el sin sabor de una despedida. mira al zorro. sabe que quizá el zorro tenga razón. el zorro fue alguna vez, un gran poeta.
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