miércoles 11 de noviembre de 2009

locos

materializar tu rostro
componer tu mano
llorar tu muñeca
filtrar tus zapatos
masticar tu boca
callar mi llanto
confeccionar tus dientes
descremar tus senos
llenarte de besos
auxiliar tu vello
comprender tus ojos
desfilar tus orejas
desgrajar tus verbos
encallar tu risa
dislocar tu alocado cabello
mantener tu barriga
encender y apagar tu movimiento
canjear tu personalidad de vaca
detener tu nariz
ensayar tu desmedro
coleccionar tu recuerdo
ver tus sesos
olerte como albahaca
drenarte de mis huesos
secarte como a hoja
sacarte como una hoja
dolerte en mis adentros
colocarte nombre
dormirte con mi cama
perfeccionar tus gritos
romper tu tristeza
con las manos y las piernas
beber y orinar tu olvido
con tu frente como afrenta
colocar las monedas
y darte cuerda.

domingo 1 de noviembre de 2009

Julio Ramón Ribeyro

11 de marzo
A veces pienso que la literatura es para mí sólo una coartada de la que me valgo para librarme del proceso de la vida. Lo que yo llamo mis "sacrificios" (no ser abogado, ni profesor de la universidad, ni político, ni agregado cultural) son tal vez fracasos simulados, imposibilidades. Mi excusa: soy escritor. Mi relativo éxito en este terreno excusa mis torpezas en los otros. Siempre he huido de toda prueba, de toda confrontación, de toda responsabilidad. Menos de la de escribir. Diríase que llevo la vida a mi terreno, allí donde no puedo darme ninguna sorpresa. Protegido del mundo, de la gente, solo frente a mi máquina de escribir, sin coerciones ni apremios, sin jueces, ni público, ni ovaciones ni rechiflas, en la arena solitaria de mi página en blanco, procedo a la mise á mort de la vida.

lunes 26 de octubre de 2009


martes 20 de octubre de 2009

no vale burlarse

Todos los días a la misma hora. Una especie de trato en silencio. Un día dejaste de llegar. Y yo no volví a esperarte.

domingo 4 de octubre de 2009

sábado 19 de septiembre de 2009

Y ya no pensare en morir nunca mas


miércoles 9 de septiembre de 2009

Oliverio Girondo

No se me importa un pito que las mujeres tengan los senos como magnolias o como pasas de higo; un cutis de durazno o de papel de lija. Le doy una importancia igual a cero, al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco o con un aliento insecticida. Soy perfectamente capaz de soportarles una nariz que sacaría el primer premio en una exposición de zanahorias; ¡pero eso si! - y en esto soy irreductible- no les perdono, bajo ningún pretexto, que no sepan volar. Si no saben volar ¡ pierden el tiempo las que pretenden seducirme!